->>

nantlidigital
Amor, amor, amor…

Amor, amor, amor

Amor, amor, amor…

Y más amor en una era en la que pareciera que eso del amor se reduce a un emoticono o una app para enviar flores y regalos a quien amamos porque las formas de expresar amor han cambiado más no el amor ¿O existe alguna forma de cambiar un sentimiento y yo sin saberlo? Los sentimientos son atemporales y permanentes, se transforman pero no son diferentes, el amor seguirá siendo amor, el odio seguirá siendo odio y así sucesivamente en una ola infinita de emociones.

Corría el año de 1997 y yo tenía diecisiete años (cumplía dieciocho en mayo del mismo año), cursaba el tercer año de preparatoria en la gloriosa Prepa 9 de la UNAM “Pedro de Alba” y mi maestra de Literatura Latinoamericana, Ángeles Lara Árzate me invitó un buen día a escribir en la gaceta que ella dirigía y que llevaba por nombre “Juglar”, curiosamente mi primera colaboración coincidía con el día del amor y la amistad y el género era libre, así que sin mucho pensar me puse a escribir sobre lo que yo creía entonces que debía o podía ser el amor en pareja, fuera de romanticismos, de clichés, de convenciones. Mi texto se publicó y me causó una profunda emoción aunque no lo pregoné pues me parecía algo simple, quizá improvisado y sin técnica pero al fin y al cabo, ahí quedó como parte del recuerdo y de lo que fue la existencia de dicha gaceta. Reproduzco aquí algunos fragmentos de aquel texto, al que titulé “El amor y…”

“La unión del hombre y la mujer ha sido desde siempre el elemento base para la reproducción humana, pero más allá de la reproducción se habla de sentimientos propios del ser humano, que hacen posible dicha unión; amor y amistad los más significativos. Se sabe que el amor es lo más maravilloso que existe, pero lo es en realidad cuando se da sinceramente y cuando se siente en lo más profundo del alma, el amor es la fuerza que todo lo vence y hace del hombre un ente más humano y espiritual…. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha llegado a la práctica de un amor libre: sin reglas ni ataduras, un amor que respete los derechos de ambos; sus ideas, sus objetivos, la forma de pensar de cada uno y un respeto mutuo que se deben como seres individuales, pero compartiendo sueños y metas que juntos desean alcanzar. Quienes logran dar y recibir un amor libre sabe que uno es complemento del otro y en consecuencia se ayudan recíprocamente… Hagamos una reflexión sobre la forma en que damos y recibimos el amor para que hagamos de este mundo algo bello.”

No crecí en un entorno amoroso, que me enseñara a expresar amor, a dar caricias, a decir palabras tiernas sino en uno en el que el “deber ser” era la regla a seguir aunque fuera a costa de los propios sentimientos y emociones. En casa siempre se razonó antes de sentir y cualquier situación se resolvía desde el intelecto, no desde el corazón. Con esa mala influencia y sin un referente en mi vida más que el de las historias románticas (que me parecían cursis y melosas) crecí creyendo que el amor era una pérdida de tiempo o cosas de tontos y nunca me permití expresar nada que delatara mi afecto por alguien más fuera amigo o prospecto, amiga o compañera. Afortunadamente, el azar de la vida y la existencia de los milagros me hicieron encontrarme de frente con el amor de formas inesperadas y lo he podido sentir, vivir y disfrutar aunque siempre hay algo por aprender.

¿Y a ti, cómo te sorprendió el amor?

Nantli

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

About the Author

Elizabeth Cruz

Elizabeth Cruz es Comunicóloga, Relacionista Pública, Autora del libro "Yo, Mamá", Colaboradora de RuizHealyTimes.com Fundadora de Nantli y principalmente: Mamá. El camino de la maternidad la ha llevado a autodescubrirse en el universo femenino y a conectar con otras mujeres que aportan su esencia en la construcción de un mundo mejor para las futuras generaciones.

 

Be the first to comment “Amor, amor, amor…”