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¡Al son que me toquen!

¡Al son que me toquen!

¡Al son que me toquen!

“Cuando escuchas tu cuerpo a través de la danza, escuchas también los cuerpos y los bailes de seducción y celebración de tus antepasados y tu especie.” – Marianela Boán / Coreógrafa, Bailarina y Maestra

Por mis venas corre sangre veracruzana herencia de mi padre que nació allá, mis recuerdos de infancia guardan en la memoria dos visitas al pueblo donde nació y en el que vivía su familia pero nada particular más que esa forma “cantadita” de hablar de los veracruzanos que es tan característica de ellos y que nadie más tiene. Fue en los años de pubertad cuando descubrí la danza y la convertí en mi pasión pero cuando conocí los ritmos veracruzanos fue como haber habitado una piel que me quedó justo a la medida y que no pude despegarme porque después pisé tierras veracruzanas por motivos laborales y me identifiqué con el aroma de la tierra, el sabor del café, el ruido de las olas, la vista de los campos a cielo abierto, el ambiente y su riqueza natural. Dice la canción que sólo Veracruz es bello y no se equivoca, es una región que lo tiene todo aunque en los últimos tiempos esté tan golpeada por la violencia tal como lo escribí en 2015 http://www.ruizhealytimes.com/opinion-y-analisis/solo-veracruz-es-bello pero la genética no se equivoca y por eso vuelvo siempre que puedo; este año, la vida me ha ofrecido un grandioso regalo y reunió para mí la danza como pasión y la cultura veracruzana en una fórmula mágica: el Son Jarocho.

Siempre he querido regresar a ese mundo fantástico de tarimas, zapateado y música al unísono, no de manera profesional porque los años se me fueron en el entramado laboral pero sí como una forma de vida, como el que corre o pinta o hace música y a veces miro como niña en aparador, presentaciones de danza, documentales o videos, persigo los grupos de danza dirigidos por quienes fueron mis maestras y anhelo estar ahí pero sin encontrar el sitio que me haga sentir de nuevo como en casa para ponerme los zapatos y simplemente danzar. Así que la búsqueda no cesa, leo aquí, veo allá y entre tanto buscar me encontré algo ideal: clases de son jarocho impartidas por Lucero Farías y la felicidad volvió a mí.

La danza folklórica que aprendí fue totalmente práctica en el escenario y por tanto, no conocía la tradición que esconde el Son Jarocho: “es una expresión musical de origen colonial, enraizada en la zona del Sotavento (parte de los estados de Oaxaca, Tabasco y Veracruz). Su máxima expresión es la fiesta tradicional del fandango, donde se combina música, danza (zapateado) y la poesía (canto). Durante las últimas décadas del siglo XX hasta hoy, esta expresión artística también es ampliamente practicada por ejecutantes de origen no jarocho. La música tiene un ritmo armónico, generalmente sesquiáltero, con síncopas y contratiempos, la lírica tiene coplas cambiantes llamadas “versos” y la danza se basa en el zapateado con algún carácter similar en algunas regiones de México. El adjetivo jarocho señala su pertenencia a la cultura afrodescendiente en la región del Sotavento mexicano. El sustantivo son designaba a principios del siglo XIX a cualquiera de los sonecitos del país que incorporaban baile en el evento popular y contenía rasgos estilísticos mestizos. Su origen se remonta a la época colonial, donde se mezclaron elementos españoles, indígenas y africanos. La forma musical se basa en la alternancia de melodías instrumentales llamadas “figuras” con melodías cantadas llamadas “pregones”, donde lo que se canta son los versos. Los contramotivos que contrapuntean con los pregones se llaman tangueos, son básicamente combinaciones rítmico-armónicas con una abundancia de sextas y novenas en las que se dan la polirritmia y otros elementos de origen afro como síncopas y contratiempos. Los viejos soneros no tienen el concepto de compás, sino que se guían por el rasgueo de la jarana, los pasos del zapateo, las melodías y el sentido común. El instrumento más sonoro del son, es la tarima, sobre la que los bailadores ejecutan con los pies el zapateado. La coreografía también sigue la estructura de la música, ya que en el momento de las figuras instrumentales, el bailador debe ejecutar un tipo de pasos llamados redobles y en el momento del pregón y tangueo, se bailan las “mudanzas”.”

Las clases de Son Jarocho con Lucero fueron una revelación para mí: empezar a mover los pies, identificar el ritmo y apropiarse de él, fundirse con la música para acompasar el zapateado y trasladarse a otro momento. Empezamos con clases una vez a la semana durante cinco semanas pero he de regresar porque esto es apenas el inicio de un vínculo que me reúne con mis raíces genéticas, con mi pasión que es la danza, con mi interior que siempre busca diversas formas de expresión. La tradición del Son ha resurgido y como en todo, también trae consigo rivalidades, diferencias pero lo importante es mantenerlo vivo, difundirlo, escucharlo, hacerlo propio y seguir las huellas que va dejando entre las nuevas generaciones. Hoy, en el Día Internacional de la Danza quise rendir un tributo a todos los que forman parte de este universo e invitarlos a que se asomen a conocerlo y correr la voz. Tengo una cita pendiente con Lucero para abrir este espacio a la música que ella hace, a su historia y sus proyectos pero esa, es otra historia, así que estén pendientes.

Con gratitud,

Nantli

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About the Author

Elizabeth Cruz

Elizabeth Cruz es Comunicóloga, Relacionista Pública, Autora del libro "Yo, Mamá", Colaboradora de RuizHealyTimes.com Fundadora de Nantli y principalmente: Mamá. El camino de la maternidad la ha llevado a autodescubrirse en el universo femenino y a conectar con otras mujeres que aportan su esencia en la construcción de un mundo mejor para las futuras generaciones.

 

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