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Y sigo aprendiendo…

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Y sigo aprendiendo…

En el libro “Yo, Mamá” defiendo la idea de que la maternidad debe mirarse desde otra perspectiva que no sea la de la mujer sumisa, abnegada, violentada y con sentimiento de culpa, también hablo de lo necesario que fue “poner orden en mi mente y en mi corazón para conectar con mi presente y así poder decir que ¡Me siento feliz siendo mamá de tiempo completo!” (pp. 89-90) y a dos años con siete meses de compartir tiempo completo con él y aunque confieso que hay momentos en los que extraño el silencio y el orden en mi hogar, no dejo de alegrarme con su presencia y me sigue asombrando lo que de él aprendo pues “Cada momento compartido con Alonso me ha dado una nueva experiencia y lección de vida, uno nunca deja de aprender y menos cuando tienes un hijo, pareciera que es la etapa en que más se aprende y cuando más a prueba se pone lo aprendido.” (pp. 91-92) Se trata de un aprendizaje distinto que nada tiene que ver con fórmulas matemáticas o conceptos filosóficos o teorías complejas, un tipo de aprendizaje que nace del corazón, de encontrarse en el aquí y el ahora y voltear la mirada hacia el interior.

La primera lección aprendida fue la ilusión del control, gesté a Alonso en un momento de mi vida en el que todo apuntaba a que no habría embarazo y aunque en el fondo de mi ser algo me decía que no podía descartar la posibilidad hasta agotar todas las opciones, fue entonces que decidí sanarme de dentro hacia afuera y me adentré en el camino de la meditación y el yoga, me aferré a un estilo de vida alternativo con terapias naturales lejos de medicamentos y doctores, empecé a darme gusto en todo: desde leer el libro que se me antojaba hasta ver una película o visitar algún lugar en particular y algo que no puedo evitar como disfrutar el momento de comer. Así que de pronto me descubrí embarazada y mi vida se transformó completamente.

El embarazo fue un proceso complejo que me enseñó la siguiente lección: nada es más valioso que la salud y en este caso, la vida de mi bebé. Pasé los primeros cuatro meses de incapacidad y después, cuando me atacó la gripa también me dieron incapacidad con todo y que tenía nuevo jefe que en realidad no trabajó conmigo pues él llegó y dos semanas después yo salí cuando me enteré del embarazo y me pusieron en paz para evitar desprendimiento de placenta. Yo, con mentalidad del “deber ser” ante todo, sin faltas en mi historial laboral, multifuncional de toda la vida y activa a más no poder, tuve que guardar absoluto reposo; recuerdo que vi todo un compendio de películas mexicanas, series de la naturaleza, documentales, programas de análisis y estuve pendiente de las noticias como nunca. También me preparé mucho con meditación, con ejercicios cuando me permitieron actividad física moderada, escuché música, leí todo lo que pude y dormí, un estado total de calma y tranquilidad deseando llegar al momento del parto lo más preparada posible y aunque hoy estoy convencida de que así pudo ser, finalmente Alonso nació por cesárea pero el temor de que algo fallara en el último momento y el riesgo que los médicos anunciaron con un embarazo en la semana 40 me hicieron convencerme de que era mejor optar por el procedimiento quirúrgico.

Al nacer, Alonso me sorprendió nuevamente con una hermosa paz que traía con él pues me permitió dormir en las noches, su llanto nunca fue desesperado y no sufrió de cólicos ni reflujo ni nada parecido. No aceptó la teta de forma inmediata pero logramos establecer la lactancia materna a los dos meses y a partir de entonces, no hubo mayor problema.

El tiempo pasa muy rápido cuando te conviertes en mamá, vives en doble dimensión: la tuya y la de tus hijos, es justo cuando llega también un problema de identidad porque ya no se es más la que una vez fuimos pero tampoco reconocemos esta nueva mujer que nos mira en el espejo, una mujer con ojeras, algunas arrugas aquí y allá, un cuerpo celulítico y con grasa de más que antes no estaba, cansancio crónico, sin maquillaje ni barniz en las uñas. Todo cambia, desde los pensamientos hasta los hábitos alimenticios y las preguntas y dudas vuelven a surgir,  no queda  más que reinventarse, re-descubrirse y replantearse el camino a seguir. Para las mamás de tiempo completo quizá los cambios sean más visibles y también es probable que dispongamos de más tiempo para cuestionarnos porque de alguna forma la dinámica que antes teníamos se rompe, no digo que para las mamás que regresan a la oficina el cambio no ocurra pero las circunstancias son diferentes y por ende, el cambio también lo es, más fácil o más complejo pero distinto. En ambos casos, el punto central es tener la capacidad de volver la mirada hacia nosotras mismas y recuperar o descubrir nuestra esencia, ser conscientes de que si bien la maternidad nos transforma no debemos perdernos en el rol materno, sacrificando nuestras aficiones, pasiones, gustos y placeres porque es importante y vital seguir siendo y haciendo en un contexto que va más allá del cambio de pañales, lactancia, papillas, dentición y juguetes.

Y por eso digo que Alonso me ha dado las lecciones de vida más extraordinarias porque a pesar de que en los últimos tres años mi centro ha sido él, también me ha dado la oportunidad de indagar más sobre mí, de ir en busca de todo aquello que alguna vez soñé y que dejé de lado por el cumplimiento del “deber ser” porque también he aprendido que todo es posible y que la flexibilidad nos abre las puertas a un mundo más creativo y más satisfactorio.

Sin duda, al observarlo me observo porque es mi espejo y también es mi inspiración pero también soy más fuerte gracias a él, porque si enferma me toca tomar las mejores decisiones para ayudarlo a salir adelante y acompañarlo hasta que se siente mejor, si está alegre comparto sus sonrisas y particularmente, me ha enseñado el poder de una sonrisa y la magia que produce una carcajada. Cada día aprendo, no dejo de aprender y seguiré aprendiendo porque la maternidad es un trabajo de tiempo repleto y un puesto vitalicio aunque hoy tengo claro que no significa renunciar a ser mujer.

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About the Author

Elizabeth Cruz

Elizabeth Cruz es Comunicóloga, Relacionista Pública, Autora del libro "Yo, Mamá", Colaboradora de RuizHealyTimes.com Fundadora de Nantli y principalmente: Mamá. El camino de la maternidad la ha llevado a autodescubrirse en el universo femenino y a conectar con otras mujeres que aportan su esencia en la construcción de un mundo mejor para las futuras generaciones.

 

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